-Todo seguía igual- pensó aquel 26 de diciembre cuando el tren que cubría el trayecto Granada-Sevilla, se detuvo en la estación de Antequera. Bajó sin prisas del vagón y caminó hasta el primer banco del andén. Decidió quedarse un ratito allí sentado fumando un cigarrillo a la espera de que el tren reanudara su marcha. Hacía nueve años que no pisaba aquella estación, pero recordaba con total claridad el último día en que lo hizo. Aquel día de diciembre de hace nueve años, nadie vino a despedirlo –hoy sigo igual de solo, pero nueve años mas viejo- pensó dibujándose en su cara una sonrisa a medias. De niño su padre solía traerlo para ver salir los trenes, mientras este le contaba antiguas historias de viejos trenes a vapor. Recordaba como escuchaba con atención aquellos relatos, mientras su imaginación fantaseaba con la idea de montar en uno de estos y viajar muy muy lejos. Hoy sentado en aquel banco se dio cuenta que toda su vida cabía en un par de veteranas maletas, había aprendido a no aferrarse a nada que se pueda perder, morir o ser olvidado. El único bien que atesoraba era el viejo reloj que un día le regalara su abuelo, y aún así, este no era mas que el reloj de un humilde albañil….....
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