jueves, 6 de agosto de 2009

NUESTRA GRANADA

Aquella noche había sido muy fría, dentro de la pequeña habitación de aquel hotel el calor de sus cuerpos y la respiración se habían acumulado en forma de vaho en los cristales de la ventana. En estas, pequeñas gotas de agua se condensaban dibujando al resbalar caprichosas líneas, que él sentado en la cama simplemente miraba sin pensar nada más. Sobre la mesa dos copas a medio beber y un paquete de tabaco de liar. Hacía tiempo que se había aficionado al ron miel canario –desde que ella me lo dio a probar- decía a modo jocoso siempre que se lo preguntaban. Completaban aquella escena dos maletas medio desechas y un par de billetes de tren con destino a Granada ya usados. Se levantó de la cama con mucho cuidado –ella aún dormía- y abrió muy despacio la ventana. A lo lejos, con la temprana luz del día se dibujaba la silueta solemne de la Torre de la Vela. Hacía tiempo que esperaba esto –pensó para sí- mientras giraba la cabeza para verla dormir en la penumbra que les ofrecía el alba. Se acercó a la mesa y cogió del cenicero un cigarro liado a medio fumar, lo encendió y siguió mirando por la ventana. Continuó absorto en sus pensamientos hasta que notó una mano cálida sobre su espalda y unos labios suaves que se posaron sobre su hombro derecho mientras ella le decía a media voz “Ahora entiendo porqué la llamas tu Granada”

A todos los enamorados de Granada, o que sufrimos de amor por no estar con ella.

No hay comentarios: