domingo, 16 de agosto de 2009

UNA FOTO A MEDIAS

Aquella noche llegó a casa con los pies doloridos, se sentó sobre su cama y se quitó rápidamente aquellos tacones que tanto la molestaban. Al igual que los hombres, solo resultáis soportables la primera media hora, -le espetó a aquellos sufridos zapatos- mientras los arrojaba al suelo lejos de su vista, soltando una carcajada que rompió el silencio de su pequeño apartamento. Después de quitarse los zapatos, se puso en pié y pasando su mano por la cremallera del vestido, se quito este con un majestuoso gesto, dejándolo caer al suelo por su propio peso. A continuación, anduvo descalza hasta el pequeño mueble del salón, abrió el cajón y sacó una cajetilla de tabaco. Cogió un cigarrillo y lo puso en sus labios que a aquellas alturas de la noche los llevaba un tanto desmaquillados: una noche entera detrás de una barra puede ser muy heavy. Se puso a buscar un mechero por la habitación, debía de tener mas de una veintena repartidos por todas la estancias, pero, maldita sea -pensó- cuando los necesitas no aparecen. Después de buscar y encontrar uno, encendió por fin aquel pitillo. Ahora todo es perfecto -pensó- después de aspirar el humo y soltarlo con una elegancia propia de una actriz de película en blanco y negro.



Caminó desnuda hasta su dormitorio, tras los cristales del gran ventanal de su cuarto, se veía una noche clara coronada por una gran luna que iluminaba la ciudad, y su piel. Se sentó en la cama mirando fijamente su luz tan hermosa, sus ojos, tenían el brillo de la noche; de aquella noche y de muchas otras noches como aquella. Permaneció sentada mirando fijamente por la ventana mientras fumaba despacio su cigarrillo, lo fumó sin prisas, disfrutando cada calada como si esta fuese la última en su vida. La única luz que había en aquella habitación era la que ofrecía la majestuosa luna, que tintando con su luz aquella habitación en penumbras, le daba a su desordenado dormitorio un aspecto un tanto bohemio. Junto a la cama había una pequeña mesita y sobre esta un marco con una foto, sobre cuyo cristal se reflejaba la luz de la calle. Apartó su mirada de la ventana, para posarla sobre el marco de la mesita, lo cogió entre sus manos, y pasó con lentitud los dedos sobre su superficie. Dentro de este, una foto recortada, en la que aparecía ella, allí, congelada en el tiempo. Era una foto de hacía unos años atrás, en la que aparecía sonriente -aunque, ya no recordaba el motivo de su sonrisa-. La miró detenidamente, el escenario, como casi siempre, una cafetería, un bar, o el típico pub de moda, !que mas da! llevo dedicándome a esto desde que era una mocosa de dieciséis años –pensó para si- mientras intentaba reconocer su rostro en aquella foto. Se sabía una chica guapa, aunque ahora con el tiempo comprendía que aquella cualidad le había traído mas amarguras que alegrías. Malditos gilipollas!!!.... -dijo en voz alta- ¡solo os cambia la cara! en el fondo siempre soy lo mismo: una porción de mentiras; de ilusiones vacías; de fachadas huecas vestidas a la moda ¿Cómo os pudieron parir vuestras madres?.... Se sorprendió con lágrimas en los ojos, y miró otra vez la foto, junto a ella y abrazándola, la silueta de medio cuerpo de la única persona a la que realmente amó, a la que una noche como aquella -por suerte ya olvidada- la justa tijera le dio en aquella foto su justo merecido. ¡Que lástima que ya no recuerde tus ojos!…….Se tumbó en la cama………..nunca olvidé tu calor, tu olor, la forma en que abrazabas…….. hoy no estás conmigo –dijo mientras se quedaba dormida- ¡aún te quiero! pero ya no consigo encontrarte, por más que te busco en otras miradas..............



A Moni, lo prometido es deuda.........

miércoles, 12 de agosto de 2009

EL VIEJO RELOJ


Abrió con cuidado la vieja cajita de puros, dentro de esta, envuelto en un pañuelo blanco de tela se encontraba el viejo reloj de pulsera. Lo extrajo con cuidado de aquella tela que lo cubría a modo de sudario, se lo acercó a la oreja, y comprobó con alivio que un día más el viejo corazón del reloj continuaba latiendo. Lo cogió con su mano izquierda, mientras que con la delicadeza con la que se tocan las alas de una mariposa, pinzo sus dedos índice y pulgar de su derecha, para girar muy despacio la pequeña rueda del reloj. -Otro día mas de vida, viejo- pensó mientras giraba la rueda para insuflarle vida a su diminuta maquinaria. Son las siete de la tarde, sonó en el transistor tras los pitidos de las señales horarias. Hacía mas de cincuenta años que se repetía el mismo ritual, todos los días con las señale horarias de las siete, aquel reloj era puesto en hora –los viejos relojes es lo que tienen- pensó mientras movía las manecillas de los minutos………….

lunes, 10 de agosto de 2009

LA ESTACIÓN


-Todo seguía igual- pensó aquel 26 de diciembre cuando el tren que cubría el trayecto Granada-Sevilla, se detuvo en la estación de Antequera. Bajó sin prisas del vagón y caminó hasta el primer banco del andén. Decidió quedarse un ratito allí sentado fumando un cigarrillo a la espera de que el tren reanudara su marcha. Hacía nueve años que no pisaba aquella estación, pero recordaba con total claridad el último día en que lo hizo. Aquel día de diciembre de hace nueve años, nadie vino a despedirlo –hoy sigo igual de solo, pero nueve años mas viejo- pensó dibujándose en su cara una sonrisa a medias. De niño su padre solía traerlo para ver salir los trenes, mientras este le contaba antiguas historias de viejos trenes a vapor. Recordaba como escuchaba con atención aquellos relatos, mientras su imaginación fantaseaba con la idea de montar en uno de estos y viajar muy muy lejos. Hoy sentado en aquel banco se dio cuenta que toda su vida cabía en un par de veteranas maletas, había aprendido a no aferrarse a nada que se pueda perder, morir o ser olvidado. El único bien que atesoraba era el viejo reloj que un día le regalara su abuelo, y aún así, este no era mas que el reloj de un humilde albañil….....


jueves, 6 de agosto de 2009

NUESTRA GRANADA

Aquella noche había sido muy fría, dentro de la pequeña habitación de aquel hotel el calor de sus cuerpos y la respiración se habían acumulado en forma de vaho en los cristales de la ventana. En estas, pequeñas gotas de agua se condensaban dibujando al resbalar caprichosas líneas, que él sentado en la cama simplemente miraba sin pensar nada más. Sobre la mesa dos copas a medio beber y un paquete de tabaco de liar. Hacía tiempo que se había aficionado al ron miel canario –desde que ella me lo dio a probar- decía a modo jocoso siempre que se lo preguntaban. Completaban aquella escena dos maletas medio desechas y un par de billetes de tren con destino a Granada ya usados. Se levantó de la cama con mucho cuidado –ella aún dormía- y abrió muy despacio la ventana. A lo lejos, con la temprana luz del día se dibujaba la silueta solemne de la Torre de la Vela. Hacía tiempo que esperaba esto –pensó para sí- mientras giraba la cabeza para verla dormir en la penumbra que les ofrecía el alba. Se acercó a la mesa y cogió del cenicero un cigarro liado a medio fumar, lo encendió y siguió mirando por la ventana. Continuó absorto en sus pensamientos hasta que notó una mano cálida sobre su espalda y unos labios suaves que se posaron sobre su hombro derecho mientras ella le decía a media voz “Ahora entiendo porqué la llamas tu Granada”

A todos los enamorados de Granada, o que sufrimos de amor por no estar con ella.