Abrió con cuidado la vieja cajita de puros, dentro de esta, envuelto en un pañuelo blanco de tela se encontraba el viejo reloj de pulsera. Lo extrajo con cuidado de aquella tela que lo cubría a modo de sudario, se lo acercó a la oreja, y comprobó con alivio que un día más el viejo corazón del reloj continuaba latiendo. Lo cogió con su mano izquierda, mientras que con la delicadeza con la que se tocan las alas de una mariposa, pinzo sus dedos índice y pulgar de su derecha, para girar muy despacio la pequeña rueda del reloj. -Otro día mas de vida, viejo- pensó mientras giraba la rueda para insuflarle vida a su diminuta maquinaria. Son las siete de la tarde, sonó en el transistor tras los pitidos de las señales horarias. Hacía mas de cincuenta años que se repetía el mismo ritual, todos los días con las señale horarias de las siete, aquel reloj era puesto en hora –los viejos relojes es lo que tienen- pensó mientras movía las manecillas de los minutos………….
miércoles, 12 de agosto de 2009
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